Estos días vemos enfrentarse a Trump y a Hilary y como en la política todo vale: el desprestigio, la calumnia, el dañar al otro a cualquier precio, el pisotear para ganar.
Los asesores de los políticos insisten en que es ésta la manera más efectiva de hacer una buena campaña, pues sería ideal que alguna vez saliera un político que hiciera caso omiso de esta ruin estrategia, centrándose en sus objetivos sin echarle el barro a su contrincante.
Trump llegó a utilizar la salud de Hilary, para demostrar que esa mujer estaba enferma, imposibilitada para gobernar, en cambio el estaba como un roble, un sano y vigoroso macho man que puede con todo.
Es triste ver personajes como Trump, un irrespetuoso, neonazi, misógino, racista, machista, homofóbico, xenófobo… pero más triste aun es que tenga tantos seguidores. Si estuviera sólo en pocos días se convertiría en un lunático que sería relegado al olvido al cabo de pocos días, pero es el quien da la cara y los otros borregos inconscientes lo arropan.

Creo que la humanidad se hubiera ahorrado el terrible holocausto de no haber sido por el apoyo que encontró Hitler, de no haberlo tenido, hubiera sido otro demente que hubiese quedado en el olvido.
Decía Gandhi: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la buena gente”.
Entre muchas frases repugnantes de Trump tenemos:
“Los inmigrantes mejicanos son en su mayoría violadores y narcotra-ficantes”
Las personas de raza negra son responsables del 81% de las victimas de homicidios blancas” ( según el FBI del 15%).
Para cargar contra todos los musulmanes afirma que “miles de personas en Jersey City celebraron el ataque del 11S” (no hay evidencia periodística que avale esta afirmación).
“El gobierno federal está enviando a los refugiados a los estados gobernados por republicanos”.
Y qué decir de sus insultos machistas calificando de “cerdas gordas, perras y animales desagradables” a las mujeres que le disgustan.
Cecilia Valois










